Al entrenar, los músculos generan calor y el cuerpo lo disipa sudando. En ese sudor no se va solo agua: también sales, sobre todo sodio. Si no se repone, el corazón acaba trabajando más para mover menos sangre, cuesta más soltar calor y todo se hace cuesta arriba.
El punto de referencia habitual está en el 2 % del peso corporal: a partir de ahí suele notarse la caída de rendimiento y de concentración, especialmente con calor. Para una persona de 70 kg son 1,4 kg de pérdida.
Y ojo al extremo contrario: beber muchísima agua sin reponer sales puede diluir el sodio en sangre (hiponatremia) y es peligroso. Más no es mejor; lo que funciona es ajustar a lo que sudas tú.